Nació en Colombia, se hace pasar por príncipe saudita desde hace 27 años y ahora está en la cárcel | CIRCO26

Nació en Colombia, se hace pasar por príncipe saudita desde hace 27 años y ahora está en la cárcel

Anthony Gignac vestía trajes de lujo, conducía un Ferrari California 2016 con placa diplomática y no tenía pena en proclamar frente a q...

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Anthony Gignac vestía trajes de lujo, conducía un Ferrari California 2016 con placa diplomática y no tenía pena en proclamar frente a quien quisiera escucharlo que era de linaje real. Era un príncipe de Arabia Saudita en busca de negocios multimillonarios en representación de su padre, el Rey.

Pero detrás de su vida de opulencia y su título nobiliario se oculta un esquema de fraude que Gignac —nacido realmente en Bogotá, Colombia— ha venido realizando desde la década de los 90 en varios estados del país, incluyendo una serie de delitos en el condado Miami-Dade durante 1993 y 1994, cuando “limpió” tiendas de Bal Harbour y Cocowalk, dejó grandes deudas en el otrora prestigioso hotel Grand Bay y llegó a engañar a agentes de American Express.

Gignac, quien se hace llamar sultán Bin Khalid Al Saud, había pasado una década de bajo perfil hasta que regresó a Miami en el 2017 y, de acuerdo con la acusación de un gran jurado de la Florida, volvió a hacerse pasar como un diplomático de Arabia Saudita con título nobiliario para timar a empresarios de la región y obtener dinero, propiedades y otros objeto de valor.

Según la acusación formal presentada en una corte federal de Miami, Gignac mantuvo reuniones de negocios desde marzo a noviembre del año pasado con representantes de un par de empresas de Miami-Dade con el supuesto propósito de realizar una inversión multimillonaria para comprar un hotel en el condado.

En estas reuniones jugó un papel importante Carl Marden Williamson, supuesto cómplice de Gignac y quien ha sido acusado igualmente por el gran jurado de conspirar para cometer una ofensa contra Estados Unidos y hacerse pasar por un diplomático extranjero.

Para mantener la fachada, Williamson compró el 4 de junio una falsa placa diplomática en el sitio de compras online eBay. Dos meses después, Gignac les mostró su automóvil con la falsa chapa de matriculación a varios individuos de una compañía que solo ha sido identificada como “Compañía T.A.”.

Gignac también invitó a los empresarios a su supuesto penthouse en un edificio Fisher Island, en cuya puerta principal había un letrero con la palabra “Sultán”. En esa visita, el hombre les mostró además una carta del Banco de Dubai con una disponibilidad monetaria de $600 millones.

El 13 de agosto, Williamson exigió a un individuo de esa misma empresa comprarle a Gignac un regalo valorado en más de $50,000 “debido a que el honor del ‘sultán’ había sido cuestionado”, según indica la acusación formal. El regalo fue comprado y entregado a Gignac ese mismo día.

De Colombia a Michigan
El reciente caso es parte de un esquema que se viene repitiendo desde hace más de dos décadas con Gignac, quien fue adoptado de niño junto a su hermano Daniel, por una pareja estadounidense de Michigan.

En un reportaje del 2008, el diario The Blade de Ohio aseguró que los pequeños Anthony Enrique y Daniel Luis terminaron en un orfanato de Bogotá después de que su padre biológico supuestamente mató a un hermano menor por no tener dinero para alimentarlos. No hay referencias de la madre.

Anthony y Daniel se criaron en el estado de Michigan, donde según el mismo periódico, comenzaron a desarrollar sus habilidades para estafar. Supuestamente Anthony intentó convencer a sus compañeros de escuela que su madre era dueña del Grand Hotel en Mackinac Island, lo que no era cierto, y que su padre era el actor estadounidense Dom DeLuise, lo que tampoco era verdad.

De acuerdo con un documento presentado en el 2008 en una corte de apelaciones de Michigan, los problemas con la ley de Gignac se iniciaron en 1991 cuando, haciéndose pasar por el supuesto príncipe, defraudó a un hotel y a varias empresas de ese estado por la cantidad de $10,000.

La ‘gran vida’ en Miami
En 1993, Gignac aprovechó para darse la vida de un verdadero príncipe en el sur de la Florida al hospedarse en el otrora prestigioso hotel Grand Bay, de Coconut Grove, donde solían quedarse celebridades como Michael Jackson, Elizabeth Taylor, Prince y Sophia Loren, cuando visitaban Miami.

Gignac usó la identidad de un residente de California para pedir nuevas tarjetas de crédito con la excusa de que se le habían perdido, reportó en ese momento el Nuevo Herald. Pese al nombre que aparecía en las tarjetas, él se hacía llamar en la ciudad el príncipe Khaled y se desenvolvía espléndidamente con limusinas, propinas de $20 y su lema en “póngalo a mi cuenta”.

La estafa del colombiano quedó descubierta por la policía cuando se convirtió en víctima de un delito. Gignac invitó a dos hombres el 30 de diciembre de 1993 a una fiesta en el penthouse del hotel Grand Bay y los individuos lo golpearon y lo robaron.

Mientras la Policía de Miami estaba investigando el delito, a uno de los agentes se le ocurrió notificar a la embajada de Arabia Saudita. La respuesta que recibieron los dejó sorprendidos: “¿Khaled, quién?”.

Antes de que la policía pudiera detenerlo de estafar $27,000 al Grand Bay y $51,175 a la tienda Saks Fifth Avenue, Gignac huyó a Chicago. Las autoridades de Miami lo consiguieron allí y el colombiano fue extraditado al “Estado del Sol”. Pero mientras esperaba juicio, logró lo que muy pocos: convenció a su abogado que él sí era parte de la realeza y el abogado concretó su fianza en agosto de 1994.

En la calle, el hombre fue de inmediato a una oficina de American Express en Coral Gables y pidió una tarjeta de crédito Platino —que tenía en ese momento una línea de crédito de $200 millones— porque supuestamente le habían robado la suya. Los empleados de la compañía dudaron cuando Gignac no pudo dar la fecha de nacimiento del verdadero príncipe de Arabia Saudita, pero le dieron la tarjeta cuando el hombre gritó que su padre, el Rey, se enfurecería por el trato que le estaban dando.

Con la tarjeta en mano, Gignac se fue de compras. Adquirió dos relojes y un brazalete de esmeraldas con diamantes, valorado todo en $22,210, en la joyería Mayor's de Miracle Mile y gastó $3,190 en un camisa de gamuza en una tienda de alta costura en Coconut Grove. Luego se desapareció hasta que fue detenido en marzo de 1996 en Palm Beach, pero un juez le fijo una fianza de $5,000 que Gignac pagó y se fue del estado.

Atrápame... si puedes
Al mes siguiente fue arrestado en el estado de Michigan, donde lo buscaban por los fraudes a las tiendas de 1991 y por haber estafado en 1994 —mientras huía de la justicia de Miami-Dade—a la universidad privada de Syracuse, en Nueva York, por la cantidad de $16,000 junto a su hermano Daniel.

La acusación de ese incidente explica que Gignac, pretendiendo ser el príncipe Khaled, contactó junto con su hermano a los representantes de la universidad sobre una supuesta donación de $45 millones que querían hacer. Siguiendo el famoso fraude del príncipe nigeriano, los Gignac solicitaron que la universidad les transfiriera primero el monto de $16,000 que supuestamente iba a cubrir los impuestos de la donación.

Por este caso, su hermano Daniel fue sentenciado a cinco meses de prisión, dos años de libertad supervisada y además, debió restituir a la universidad el monto de $8,000.

En julio de 1996, Gignac fue transferido a Florida tras un acuerdo en una corte de Michigan. En el “Estado del Sol”, el colombiano se declaró culpable de fraude por un medio electrónico y fue condenado a cuatro años de prisión y tres años de libertad supervisada. Estuvo en una cárcel de Palm Beach de junio de 1997 a septiembre de 1998, de acuerdo con los registros del Departamento de Prisiones de Florida.

Estando todavía en libertad supervisada, Gignac fue detenido en junio del 2002 en Orlando por haber hecho compras de $25,000 en tiendas y hoteles de la ciudad, usado una tarjeta American Express con el nombre del príncipe Kha Alsaud.

Al momento de su arresto, Gignac siguió representando su personaje, gritando a la policía “¡llamen a la embajada!” mientras era esposado contra el vehículo Mercedes que había alquilado con un lease de un concesionario, según un artículo del Orlando Sentinel.

Durante este juicio, Gignac no pudo salir bajo fianza por lo que se mantuvo tras las rejas hasta diciembre, cuando se declaró nolo contendere (ni culpable, ni inocente) y el juez decidió que ya había cumplido su condena en los meses que había estado preso mientras duraba el juicio.

Menos de un mes después, Gignac volvió a Michigan y obtuvo un dispositivo de transferencia financiera bajo el nombre (otra vez) del verdadero principe Khalid bin Mishall Al Saud. Lo usó para comprar un reloj de $40,000 en la tienda Neiman Marcus.

En algún momento, también amenazó a un empleado de Citibank para que le permitiera retirar $3.9 millones de una cuenta ficticia del supuesto príncipe saudita.

De acuerdo con los registros del Departamento de Prisiones de Michigan, Gignac fue detenido y estuvo en una prisión del 2004 al 2006, cuando fue dejado bajo libertad supervisada hasta el 2009. Documentos de la corte indican que Gignac se declaró culpable en octubre del 2006 de haberse hecho pasar por un diplomático extranjero e intento de fraude bancario.

En el 2008, Gignac intentó que se desestimara el cargo de fraude bancario, alegando que no había tenido un debido proceso, que no se comprobó la intención de fraude y que se ignoró su historial de enfermedades mentales. Su petición fue finalmente denegada.

Se desconoce por el momento qué hizo Gignac desde entonces hasta que reapareció en Miami-Dade en el 2017 buscando hacer un negocio multimillonario.

Tras la decisión del gran jurado de Florida a finales del año pasado, se emitió una orden de arresto contra Gignac, quien fue finalmente detenido en Nueva York el 20 de noviembre de 2017.

Aunque actualmente se encuentra en un centro de detención transitorio en Oklahoma City, se ha iniciado su proceso de traslado a la Florida, donde enfrentaría cargos por conspirar para cometer una ofensa contra Estados Unidos, hacerse pasar por un diplomático extranjero, mal uso de su pasaporte, robo de identidad agravado y posesión de un arma por un criminal convicto. Pudiera ser condenado a una sentencia máxima de 10 años de prisión.

En su cuenta de LinkedIn, el “sultán bin M al-saud” indica que está estudiando un doctorado en Relaciones Internacionales en la universidad de Harvard, donde supuestamente había hecho una maestría en Negocios entre 1999 y el 2007.



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