Así es huir de Irma, el huracán más poderoso de la historia del Atlántico | CIRCO26

Así es huir de Irma, el huracán más poderoso de la historia del Atlántico

Mientras el reloj del auto descontaba minutos y horas en la carretera en nuestro intento por escapar del arribo a Miami del  huracán ...

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Mientras el reloj del auto descontaba minutos y horas en la carretera en nuestro intento por escapar del arribo a Miami del huracán Irma, el tiempo estimado de llegada a nuestro destino parecía congelado.
Cuando partimos de casa, el jueves a las 6 de la mañana, la ciudad lucía tranquila y apacible.

Parecían haber desaparecido las muestras del nerviosismo que se manifestaron por todas partes desde que a inicios de semana se dijo que Irma sería uno de los huracanes más potentes de la historia.

Así, al enrumbar hacia el norte por la autopista interestatal 95 (I-95), que recorre toda la costa este de Estados Unidos desde Florida hasta la frontera con Canadá, el volumen de vehículos que bajaban hacia Miami parecía similar al de los autos que subían hacia el norte, como cualquier otro día.
Fue entonces cuando el GPS nos hizo su primera mala jugada.
Prometiendo ahorrarnos un retraso de 20 minutos, nos ofreció tomar lo que parecía un pequeño desvío. Grave error.

Cambiamos la I-95 por la Turnpike, una autopista que ofrece una vía más directa para llegar a Orlando, uno de los puntos de nuestro recorrido.

Nos encontramos con un largo atasco, que avanzaba de forma intermitente y en el que la velocidad oscilaba de unos 15 kilómetros por hora hasta los anhelados 100 kilómetros por hora.

Fueron muchos quienes optaron por esta vía, aprovechando además la decisión del gobernador de Florida, Rick Scott, de suspender el cobro de los peajes en todo el estado para facilitar la evacuación debido a la inminencia del huracán.

Fue entonces cuando comenzamos a tomar conciencia de las verdaderas dimensiones del éxodo masivo que vivía el sur de Florida.
Los vehículos a nuestro alrededor parecían verdaderas casas rodantes no solo por el número de pasajeros, sino también por la gran cantidad de equipaje que llevaban.

Almohadas, comida y hasta mascotas abundaban.

Por la ruta había dos tipos de estaciones de gasolina: las que estaban llenas de automóviles y las que estaban vacías. Estas últimas, invariablemente, se habían quedado sin combustible.

Cerca de Saint Cloud nos detuvimos a repostar. Había una larga cola. Funcionarios de la estación de servicio y policías locales ayudaban a organizar el flujo.
Allí, Saureth Batta, un residente de Fort Lauderdale que viajaba con su esposa e hija hacia Atlanta huyendo del huracán, nos contó que habían tenido que evacuar su vivienda por orden de las autoridades.

Son parte de los 5,6 millones de personas que según la Agencia Federal de Atención de Emergencias de Florida (FEMA, por sus siglas en inglés) han recibido instrucciones de abandonar sus viviendas ante la llegada de Irma.

“Es la primera vez que tenemos que evacuar, pero creo que estaremos bien”, afirmó.

“Si nos hubiéramos quedado en casa tendríamos miedo. Ahora estaremos tranquilos”, agregó su esposa, mientras cargaba en brazos a su pequeña.

Andrew, un empleado de la estación de gasolina, nos dijo que el volumen de trabajo era excepcional.
“Nunca hemos estado tan ocupados un jueves. Mi turno empezó a las 5:30 de la mañana y desde entonces hemos estado completamente desbordados de clientes”, señaló.

Explicó que no tenía planes de marcharse pues no piensa que Saint Cloud se vea muy afectada por Irma.

“No creo que aquí será tan malo como han predicho. Estamos en la zona central de Florida, por lo que cuando llegue acá el huracán ya estará debilitado”, vaticinó.

Jonathan Cruz, quien vive en Fort Lauderdale desde hace 13 años y ahora escapaba en dirección a Orlando, se mostró igualmente confiado.

Las familias viajan con sus mascotas para no dejarlas atrás.
“Sólo estamos poniendo un poco de distancia para estar más seguros. Aprovechamos para visitar a unos amigos. Ya yo he vivido otros huracanes y no creo que será tan grave”, apuntó.
— Ruta interminable —

Eran las 10 de la mañana cuando el GPS nos dio una mala noticia: aún faltaban 9 horas para llegar a nuestro destino. Apenas 50 minutos menos de los que nos había indicado al salir de casa cuatro horas antes.

Por el teléfono iban llegando mensajes de más y más amigos que nos decían que estaban saliendo de Miami o que estaban haciendo planes para marcharse.

En una estación de Leesburg, en el condado de Lake, comprobamos que nuestro GPS no era el único que parecía habitar en la serie de ficción "La dimensión desconocida".

Jimmy González, un soldador venezolano residente en Miami, nos contó que salió de su vivienda en Doral a las 6 de la mañana rumbo a Atlanta, junto a su esposa y a sus dos hijos, pero que habían encontrado mucha congestión en las vías.

“Supuestamente llegábamos a las 4 de la tarde y ahora el GPS nos dice que lo haremos a las 9 de la noche. Esperaba tráfico, pero no esta cantidad. Salimos siguiendo los consejos de las autoridades. Están diciendo que es una tormenta bastante fuerte. Para proteger a la familia, hay que prevenir. Garantizar su seguridad merece cualquier cosa”, explicó.

— ¿Esfuerzo justificado? —

Salimos de Leesburg, casi a las 3 de la tarde, cuando ya sumábamos 9 horas de viaje, pero apenas habíamos recorrido unos 400 kilómetros.
El tráfico no ponía de su parte y fuimos viendo cómo nuestra hora estimada de llegada se alejaba cada vez más. Hasta las 10 de la noche, luego a las 11 y así hasta llegar casi a la 1 de la madrugada.
Pero ¿merecía la pena el esfuerzo?, ¿estaba justificado un viaje tan largo y tan incierto si aún existía alguna posibilidad de que el huracán se desviara y solo arrojara sobre Miami las mismas lluvias que antes han traído otras tormentas tropicales?

La respuesta a estas preguntas la recibimos en forma de un mensaje de texto a las 5 de la tarde, cuando ya llevábamos 11 horas en la carretera: las autoridades del condado de Miami habían ordenado la evacuación obligatoria de decenas de edificios en Aventura. Entre estos el nuestro. Era previsible pues se encuentra bordeado por un canal de agua.

Aún tendríamos que viajar durante casi 8 horas más: hicimos en casi 20 horas una ruta que normalmente requiere la mitad del tiempo, pero llegamos.

Nuestro recorrido había concluido. Ahora, como al resto de los residentes de Miami y de Florida, solo nos queda esperar hasta que el huracán Irma decida su rumbo.
EL COMERCIO
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