Asbesto, un peligro para los mecánicos

Vestida con escafandra, María Fernanda Cely-García pasó 99 días en 18 talleres de mecánica ...

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Vestida con escafandra, María Fernanda Cely-García pasó 99 días en 18 talleres de mecánica de frenos de Bogotá. Ella, estudiante doctoral de ingeniería ambiental, tomaba muestras de aire para comprobar la exposición de los trabajadores de mecánica al asbesto, un mineral con muchas propiedades y un gran pero: es cancerígeno.

En los talleres de frenos y transmisiones en Colombia es habitual, porque se usa en bandas, bloques y pastillas para frenos y en los discos de embrague, que los mecánicos deben taladrar, remachar y pulir para ajustarlos a los soportes que instalan en los vehículos. Y eso libera polvo con fibras de asbesto.

Son chiquiticas, como las células del cuerpo. Tienen de largo lo que un cabello humano tiene de diámetro, pero juntas y dentro de los pulmones parecen un cepillo de alambre que raspa y pela. El cuerpo, que siempre querrá defenderse, crea una especie de costra, un engrosamiento que dificulta la respiración. Duele y puede volverse tumor, “de los más agresivos”, explica el neumólogo Mauricio Durán, de la Fundación Neumológica Colombiana.

El taller de Gabriel Stefan fue uno de los 18 donde María Fernanda hizo mediciones. Durante días les conectaba una bomba de muestreo a 28 mecánicos encargados de manipular las piezas de asbesto. En el filtro quedaba la evidencia de lo que respiraban durante la exposición.

Bajo la escafandra colectó más de 600 muestras personales, equivalentes a 103 jornadas laborales de 8 horas. Luego las envió a un laboratorio especializado en Estados Unidos, donde tras meses de análisis establecían cuántas fibras de asbesto había por cada centímetro cúbico de aire.

El estándar nacional e internacional para estas concentraciones es de 0,1 f /cc (0,1 fibras de asbesto por centímetro cúbico).

Algunas de las halladas en los talleres alcanzaron hasta 0,6 f/cc. En total, 1 de cada 4 exposiciones personales sobrepasa el límite permitido.

Esta es una de las grandes conclusiones del proyecto “Exposición a asbestos y evaluación de la salud respiratoria de remachadores de talleres de frenos de la ciudad de Bogotá”, en el que participaron investigadores de los Andes, de la Fundación Neumológica Colombiana y de Johns Hopkins University, financiado por Colciencias.

Otra conclusión a la que se llegó fue que de 50 trabajadores de talleres de mecánica de frenos, a quienes les practicaron pruebas de función respiratoria e imágenes pulmonares, 13 (26 %), presentan anormalidades relacionadas con el asbesto. Once tienen placas pleurales, un engrosamiento provocado por la reacción del cuerpo ante la raspadura de la pleura (la membrana que recubre los pulmones) y dos padecen asbestosis, una fibrosis pulmonar generada por la acción de los fibroblastos, células reparadoras que recubren las fibras de asbesto como medida de protección, pero que generan una red gruesa que impide el intercambio de oxígeno en los pulmones.

“Los pacientes con asbestosis se ahogan fácilmente. Es una enfermedad progresiva que no tiene tratamiento”, señala el neumólogo Durán, participante en la investigación. En Estados Unidos, donde su uso está más regulado que en Colombia, el crecimiento de las muertes por exposición a asbestos es exponencial: en 1987 fallecieron 710 personas y ahora las muertes rondan las 2.000 por año. La gran mayoría son hombres. En Colombia, entre 1996 y 2009, sólo se reportaron 11 casos de asbestosis y cuatro muertes por su causa, según el Plan Nacional 2010-2030 de prevención de la silicosis, la neumoconiosis de los mineros de carbón y la asbestosis. Para Durán, el subregistro está determinado por la baja conciencia de la enfermedad y la confusión de sus síntomas con una fibrosis pulmonar de otro tipo.

En su experiencia, incluso, ha encontrado asbestosis en las esposas de trabajadores expuestos. Stefan supo de una mujer que lavaba los uniformes de una empresa productora de asbestos y murió de mesotelioma (el cáncer de pleura), y María Fernanda halló que las fibras del mineral llegan también a las zonas administrativas de los talleres.

De hecho, la opinión pública supo de Ana Cecilia Niño, quien vivió durante años cerca de una fábrica de materiales de construcción en la que utilizan asbestos, ahora padece cáncer y demandó a la nación por no prohibir el asbesto en el país. En junio de este año se archivó un proyecto de ley que pretendía prohibir su uso, pero no pasó a plenaria en el Senado. Ahora, tras este estudio presentado en los debates del Congreso por Juan Pablo Ramos, director de la investigación, se seguirán indagando las consecuencias del asbesto en la salud pública.

*Periodista Universidad de los Andes. Revista “Nota Uniandina”.
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